La práctica diaria de la meditación (1)

La postura
Existe una clara relación entre la salud del cuerpo y el estado de ánimo. Los enfermos se sienten invadidos por una energía negativa que causa depresión, mal humor y aflicción. De manera similar, la energía mental y espiritual puede influenciar el cuerpo físico y ayudar a combatir las enfermedades y el malestar. La medicina occidental ha descubierto esto muy recientemente, pero es abundante la cantidad de estudios científicos que indican la relación entre el optimismo y la salud (y es por eso mismo que ante enfermedades serias, como el cáncer, los médicos recomiendan acompañar el tratamiento tradicional con uno psicológico o espiritual).
Las emociones que sentimos se expresan por medio de nuestra postura corporal. Cuando nos enojamos, los músculos del rostro se tensan, los puños se cierran, los hombros se elevan y la columna se encorva. Esta postura, a su vez, aumenta la furia. Es decir que la postura corporal y las emociones se retroalimentan: más nos enojamos, más asumimos la pose, más nos seguimos enojando.
Y por lo tanto, las emociones positivas también pueden potenciarse y hasta generarse adoptando ciertas posturas físicas. Después de todo, relajar el cuerpo es relajar la mente.
Alcanzar el estado de plenitud que busca la meditación requiere, entonces, de ciertas posturas corporales específicas. No son indispensables: un maestro avanzado puede meditar en cualquier posición. Pero los años de tradición han demostrado que ciertas posturas facilitan la meditación, ya que potencian la circulación de energía positiva y cósmica por todo nuestro cuerpo.
Ninguna de estas posturas es demasiado complicada.
La más conocida es sin dudas la postura del loto (durante la cual las piernas se cruzan y los pies se apoyan sobre los muslos), pero existen varias otras. Es muy útil practicarlas antes de empezar a realizar diariamente los ejercicios de meditación, no porque impliquen un gran esfuerzo físico, sino porque es imprescindible estar cómodo con ellas. También es buena idea probar varias de ellas hasta encontrar la que nos resulta más confortable.
Lo que todas tienen en común es que la espalda debe mantenerse perfectamente recta, porque así se facilita la circulación de la energía por todo el cuerpo y hacia la cabeza. La mirada se debe mantener fija y en un punto lejano, a la altura de los ojos. El mentón debe estar en todo momento paralelo a la línea del suelo.
Salvo cuando se indica, todas las posturas se realizan sentándose en el suelo, lo que puede parecer incómodo a primera vista. Pero han sido diseñadas, justamente, para resultar lo más cómodas posibles. Una vez que ya hemos avanzado en la práctica de la meditación, podremos realizar algunos cambios a las posturas indicadas. La experiencia nos enseñará a personalizarlas, modificando algunos detalles o la posición de algunas partes del cuerpo, haciendo que nos sintamos más cómodos. Mientras el cuerpo no sienta tensiones, si la espalda se mantiene derecha, los hombros nivelados y los brazos sueltos y ligeros, es posible meditar.
De todos modos, no es recomendable personalizar la postura desde el inicio, porque para poder modificar apropiadamente necesitamos contar con la claridad que nos brinda el equilibrio mente/ cuerpo/espíritu; cualquier cambio realizado en el estado espiritual anterior al encuentro con nuestro Ser interno estará guiado por los vicios corporales de la cultura occidental.
Existen básicamente cuatro posturas clásicas, que son muy recomendables porque al asumirlas se forma un triángulo con las rodillas y las nalgas, lo que da al cuerpo una base muy firme para sostenerse. Estas posturas también reducen al mínimo la circulación sanguínea en las piernas y aumentan el flujo hacia la cabeza, y además, hacen que sea bastante sencillo mantener bien erguida la columna.
Pero a algunas personas no les resulta sencillo asumir estas posturas, al menos no al principio y sin mucha práctica, por lo que se han desarrollado algunas posturas alternativas, que resultan muy buenas para quien se inicia en la práctica de la meditación, más que nada porque para algunas personas puede ser muy difícil sentarse en el suelo o acostumbrarse a mantener bien derecha la columna vertebral. Si sufrimos de algún problema en la zona lumbar, enfermedades en los huesos, dolores de espalda o reuma, lo mejor es meditar en alguna de estas posturas modernas.

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