Oración para difuntos de Alexander Pope

¡Chispa de vida de la llama celestial,
deja, deja este cuerpo mortal!
Vibra, espera, se resiste a partir, escapa,
¡Oh el dolor, la bendición de morir!
Cesa, Naturaleza alocada, cesa tu lucha,
y déjame consumirme en la vida.

¡Escucha esos susurros;
son los ángeles que dicen:
«¡Sal, hermana alma, sal!».
¿Qué es esto que me absorbe por completo,
que roba mis sentidos, cierra mis ojos,
ahoga mi ánimo y se lleva mi hálito?
Dime, alma mía, ¿puede ser esto la muerte?

¡El mundo se retira, desaparece!
El cielo abre mis ojos, mis oídos,
con un tintineo seráfico.
¡Préstame, préstame tus alas! ¡Subo! ¡Vuelo!
¡Oh tumba! ¿Dónde está tu victoria?
¡Oh muerte! ¿Dónde está tu aguijón?

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