Hinduísmo: Las escuelas de pensamiento (I)

Escuelas «Nyáya» y «Vaisesika»

El Nyáya se basaba en el sütra homónimo de Gautama y se centraba en los métodos de argumentación del pensamiento racional, considerándolos la vía más segura de conocimiento y, por lo tanto, de liberación. Se complementaba con el movimiento Vaisesika, basado en el Vaisesikasütra de Kanada, que defendía una teoría cosmológica de tipo atomista, elaborada sobre un sistema de distinciones dualistas.

Hacia el siglo v, las dos corrientes de pensamiento prácticamente se habían unido. El profundo interés por la naturaleza del conocimiento y el análisis de las formulaciones lógicas desembocaron en la creación de un refinado sistema de categorías que en la formulación de Prasastapada compendiaba las modalidades del ser y de los fenómenos. Con el tiempo, la visión de la armonía entre estructuras del universo y orden del pensamiento asumió valores religiosos y dio lugar a una especulación metafísica centrada en dios, causa primera de la creación y de la destrucción de los mundos, el que ilumina con el conocimiento verdadero y libera al alma del ciclo de las reencarnaciones.

Escuela «Samkhya»

Conocemos diversas formulaciones de la especulación Samkhya a través de los textos de la épica (Mahábhárata, XII), de los Purána y, sobre todo, de la síntesis básica de las Samkhyakáriká de Isvarakrsna (siglo IV d.C.) y del Sámkhyasütra. Pero sus raíces son mucho más antiguas y en parte son equivalentes a la visión ofrecida por los himnos védicos.

Su fundamento teórico es la distinción radical entre espíritu y naturaleza: el primero, el purusa, es inmutable y oculto, inactivo e impasible; la segunda, la prakrti, es la naturaleza en su estado de virtualidad absoluta. Factor puro de creación, abarca los elementos materiales y psíquicos, pero es ciega, carente de conciencia. El espíritu, en cambio, es luz. La prakrti desarrolla por sí misma, en el juego de sus componentes y cualidades, las formas de la existencia.

A partir de esta visión de fondo se elaboran las formulaciones teístas que aparecen claramente en la tradición épico-puránica: dios regula los ritmos de la creación, de la conservación y de la reabsorción del cosmos, y rige los ciclos de las transmigraciones. En la corriente Sámkhya-yoga, la prakrti se libera, y precisamente con la ascesis y la progresión de los estados mentales se vuelve creadora, mientras que el espíritu puro se mantiene pasivo, no comprometido: en este paradójico acoplamiento también el espíritu es totalmente libre.

Escuela «Yoga»

El Yoga es una antiquísima tradición de pensamiento, de técnicas ascéticas y métodos de meditación. Se basa en la idea de que el sufrimiento existencial tiene sus raíces en la ignorancia de la verdadera naturaleza del átman, que ilumina a todos los hombres; es decir, en el hecho de que el hombre lo confunde con sus propios estados psicomentales, que son, en cambio, el producto más refinado, y mucho más ilusorio, de la prakrti. La única vía de salvación es la consecución del verdadero conocimiento cuando el hombre, alejado del mundo, en soledad y guiado por su maestro espiritual, controla y suprime estos estados psicomentales y supera por fin los factores que los generan, es decir, la actividad de los sentidos y del subconsciente.
Su forma clásica, rájayoga, aparece condensada en una obra fundamental, el Yogasütra de Patañjali. Otras fuentes importantes son el primer comentario llegado hasta nosotros, el Yogabhásya de Vyasa (siglos VII-VIII d.C.), glosado más tarde por Vacaspati Misra (siglo IX) en su Tattvavaisáradí. Estos dos textos se complementan con otros dos: el Rájamártanda, escrito por el rey Bhoja en el siglo xi, y el Yoga-várttika de Vijñanabhiksu, del siglo XVI.

Las teorías del Yoga giran en torno a ocho grupos de técnicas, que constituyen otros tantos estadios de progresión espiritual hacia la liberación. El primer estadio, yama, consiste en un cambio radical de la perspectiva interior: el rechazo de la violencia, de la falsedad, del robo, del placer sexual y de la avaricia. El distanciamiento interior resultante se armoniza con algunas primeras obligaciones: pureza, frugalidad, estudio de la doctrina, ascesis y devoción a dios, disciplinas designadas conjuntamente como niyama, que preparan para la verdadera práctica yoga.

A partir del tercer estadio, las técnicas están destinadas a integrar el cuerpo y los sentidos. Las posturas corporales, ásana, enseñadas por los maestros yoga, proporcionan a los miembros una serena estabilidad y reducen su esfuerzo al mínimo. Frente a la agitación continua de las formas de la existencia, el Yoga es inmovilidad. Concentrado en una única postura, el adepto llega a lograr una cierta neutralización de los sentidos, porque la conciencia se va olvidando gradualmente de la «presencia» del cuerpo.

Esto debe ir acompañado de la práctica fundamental del pránayáma, que consiste en ir ralentizando progresivamente la respiración hasta casi anularla. De hecho, la tradición ascética, no sólo yoga, sino también chamánica y taoísta, ha comprobado la interdependencia entre ritmos de la respiración y estados de conciencia. Mediante lo que Patañjali define como la «supresión» de la respiración, el yogin puede experimentar modalidades profundas de conciencia, inalcanzables para los no iniciados. En esta fase el maestro enseña cómo liberar la actividad sensorial del dominio de los objetos externos.

Este «distanciamiento de los sentidos» no anula la lucidez mental, sino que la hace aún más intensa: el yogi comienza así la última fase de su camino, la más difícil, la que implica las técnicas más depuradas de meditación. Pero debe ganar aún una batalla contra sí mismo. Del control cada vez mayor de la mente obtiene el yogin poderes extraordinarios, como son conocer las vidas anteriores, leer en el pensamiento de los demás, etc. Los maestros enseñan que los poderes no son más que medios útiles en el camino interior de liberación, pero que hay que mantenerse indiferentes ante ellos, separarse de ellos. El peligro estriba en que el yogin se embriague con estas facultades y las considere el objetivo de la ascesis. Si su finalidad fuera obtener el poder en el mundo, el yogin se convertiría en un creador de magia y no en un «liberado en vida».

Dháraná es la concentración total del pensamiento que antecede a los estadios de meditación más profundos. Frente a la caótica dispersión de la atención, súcubo del mundo, la mente, serena, recogida en sí misma, se concentra en un solo punto para intentar alcanzar la percepción de no diferencia entre mente y cuerpo, entre objeto que piensa y objeto del pensamiento. Si este estado de conciencia se controla con mayor intensidad, desemboca en el dhyána, que Patañjali define como «un deslizarse del pensamiento unificado» que, a su vez, conduce a un estado mental sublime y paradójico, el samádhi. En el punto culminante del Yoga, la conciencia (citta), pura e imperturbable, se halla liberada de toda visión falsa y efímera. Según la comente más devota, es en este estadio cuando dios se revela en el interior del yogin. En efecto, Isvara es el purusa eternamente libre.

Prácticamente todas las orientaciones soteriológicas indias han adoptado, total o parcialmente, las prácticas yoga. Además del Yoga de Patañjali, existen el Hathayoga, el Mantrayoga, el Layayoga (o Kundalimyogá) que no se incluyen en los darsana ortodoxos.

Historia de las religiones

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