Hinduísmo: La renovación religiosa en el ideal de la devoción

La consolidación del hinduismo en su forma clásica se produce bajo el signo de la bhakti, un ideal que renueva radicalmente la visión religiosa tradicional.

Se trata de una vía de liberación a través de la experiencia de purificación y sublimación del yo en el amor de dios. La palabra «devoción» no traduce toda la intensidad y los matices emocionales implícitos en la búsqueda de un estado de comunión total con la divinidad. Los poetas místicos indios la han equiparado alguna vez con la devoción respetuosa del siervo por su amo, con el calor y la alegría del amigo por el amigo, con el afecto del hijo por la madre, con la pasión erótica del amante.

La razón por la que al arrebato de fe y de amor a dios se le atribuye una importancia decisiva está relacionada con la aparición de una contradicción en la antigua doctrina de salvación. Según las enseñanzas de los Upanisad, la única vía de liberación del ciclo de reencarnaciones reside en la renuncia al mundo. El rey, los guerreros y, en general, los hombres que «viven en el mundo» se encuentran, pues, ante un dilema: por una parte, aceptan esta doctrina y son atraídos por sus ideales sote-riológicos, pero, por otra parte, la propia fe les prohibe faltar a sus obligaciones personales «en el mundo». Precisamente su obediencia religiosa parece condenarles a acumular el peor karman.

La especulación de los maestros descubre cuál es la clave del dilema: kama, el deseo, que, cuando se encierra en el egoísmo, es el verdadero factor de separación entre los fines del hombre y la liberación. El deseo es la expresión más fuerte, más profunda del yo, es la fuente que origina el apego a lo ilusorio, a lo relativo y, por lo tanto, es la causa de la ignorancia. Así que es a Káma y no al mundo a lo que hay que renunciar en realidad. El pensamiento hinduista consigue de este modo hallar la posibilidad de una salvación verdaderamente universal, que no implique una elección tan difícil y elitista como la del asceta.

Dos son las posibles vías, y la experiencia religiosa india las recorrerá ambas. La primera, el pensamiento tántrico, pondrá el deseo y los valores que de él derivan al servicio de la liberación: la experiencia religiosa se realiza a través del deseo. La segunda solución sigue la idea de la bhakti de que los valores del renunciante se mantengan según la lógica de la vida seglar, es decir, de que se suprima el deseo en el ánimo del hombre que vive la experiencia del mundo sublimándolo en el amor devoto a dios. Al cumplir el propio dharma se realiza una acción justa desde el punto de vista de la salvación, a condición de aceptar el propio destino con total distanciamiento, como un «liberado» que no tiene ningún deseo que no esté dirigido a dios, que no tiene ningún interés por sí mismo sino sólo por el bien del mundo. La sublimación de la «sed del mundo» en «sed de dios» hace que los valores terrenales queden incluidos en el ámbito de la salvación. De este modo el laico también puede acceder a la liberación.

El impulso devocional postula la idea de un dios supremo, Isvara, origen, sustrato y fin del mundo. Una tradición adora a Visnú como a la mayor divinidad; otra adora a Siva. Ambas imaginan al dios elegido dotado de características precisas y rasgos muy personales, y veneran las distintas formas con que se ha manifestado en el mundo. Los textos de los Bhaktisutra, cuando describen las etapas del descenso del dios entre los hombres, las presentan al fiel como si fueran las fases, en un proceso inverso, de la ascesis del alma hacia dios. Ascesis de purificación de la mirada interior que en el torbellino del mundo se dirige solamente a dios y que en el momento culminante consigue el conocimiento perfecto.

Surge con fuerza la figura del gurú, ilustrada y exaltada con nuevos significados: el maestro ya no es el que transmite la enseñanza «impersonal» de los Veda, sino un creador de ideas, un intérprete original, un guía inspirado por la divinidad. Para sus discípulos, regenerados por su palabra, que es la palabra misma del dharma, se convierte en la manifestación de dios en la tierra.

Dos son los temas simbólicos que desencadenan la emotividad por lo sagrado: el sueño de la unión con dios y la tristeza de la separación de él. Son motivos opuestos que se integran. En vida, los momentos de unión mística con lo divino son efímeros, aunque extraordinariamente intensos, de modo que la lejanía de dios hace que el sueño de reunirse con él después de la muerte sea aún más fuerte.

Toda criatura «pertenece» a dios y puede decidir amarlo hasta entregarse por completo a él. El «camino de la bhakti» no es exclusivo de los iniciados, sino que está abierto a todos, sin tener en cuenta las divisiones en castas. La integración de los südra se produce no tanto por una negación de su impureza como por la idea de que el purusa divino trasciende lo puro y lo impuro. La mitología de la bhakti se complace en honrar a Siva bajo apariencias impuras que chocan con los brahmanes, a fin de enseñar que la salvación está por encima de cualquier distinción y jerarquía humanas.

La naturaleza igualitarista de la vía de salvación implica la importancia de la experiencia de grupo. La búsqueda de la unión personal y espontánea con dios se cambia por un arrebato de comunión con el prójimo. Si la liberación brahmánica es la fusión del átman individual con el Brahmán, la bhakti traduce la misma idea prometiendo a los devotos el «mundo de Visnú». Paraísos, mundos de salvación, visiones «comunitarias» de felicidad. En la tierra ya es posible alcanzar este ideal danzando y cantando juntos y llegando juntos a estados extáticos de anulación del yo empírico en dios.

Sobre la base del culto a una divinidad suprema específica, Visnú, Siva, la Devísakti, o bien Krisna o Rama, se originan movimientos de devoción, resultado de una tendencia reformista en el hinduismo del norte de la India, que se funde con antiguas tradiciones tamil del sur. La nueva visión religiosa es un claro exponente de la sensibilidad de la época: de hecho, muchas ideas y temas bhakta son adoptados también por el jainismo y el budismo, especialmente por la comente de la Tierra Pura. Ciertamente, el movimiento bhakta comparte los postulados de fondo del hinduismo; pero la elección del medio de salvación es tan radical como para considerar que el abandono a dios acaba superando la sabiduría y el sacrificio, la experiencia de meditación yoga e incluso los ideales religiosos del asceta. Todas las experiencias de lo sagrado carecerían de valor si no estuvieran iluminadas por la bhakti.

La fe en la divinidad sobre la que debe converger de modo unívoco la devoción hace que los grupos tengan tendencias exclusivistas y sectarias. Los fieles tienden a crear un mundo cerrado y a definirse por oposición a las otras sectas por distintos medios: signos corporales, formas de disciplina ascética, tipos de prácticas de devoción, lenguajes de oración.

El esquema clasificatorio de lo puro/impuro aflora de nuevo y hace que el grupo adopte muchas características (endogamia, jerarquía interna) del sistema de castas contra las que anteriormente se había rebelado.

Historia de las religiones

 

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