Hinduísmo: Krisna

Es la más importante de las avalara de Visnú y tal vez la que lo ha manifestado más plenamente. En la devoción de Visnú desempeña un papel fundamental. Tanto el Harivamsa como la extensa literatura mística de la bhakti en lengua tamil, y también el Bhágavatapurána narran las leyendas de su vida y cantan los sucesos de su juventud. Sus amores, especialmente con Rádhá, su favorita, son considerados paradigma de la apasionada rendición a dios. Su muerte marca el inicio del kaliyuga, la edad oscura del mundo.

Elemento fundamental de la experiencia religiosa, Krisna es imaginado como absoluto purusa y eterno átman. Más allá de lo perecedero, invade y sostiene todos los mundos en calidad de supremo karmayogin, que actúa por el bien del mundo y sin ningún deseo personal. Pide a sus devotos que se abandonen completamente a él, que le hagan entrega de todas sus acciones, como en un sacrificio, pero por el bien del dharma.

El ideal de salvación basado en el compromiso sentimental, estético y devocio-nal con Krisna lo canta Jayadeva (siglo xin) en el Gitágovinda y se despliega en todas sus facetas en la visión mística de Caitanya (1486-1533), que podría considerarse tal vez el punto culminante del movimiento bhakta durante la Edad Media. La escuela Gaudiya Vaisnava, que transmitió sus enseñanzas, promovía celebraciones públicas en las que los fieles, a través de la recitación rítmica de himnos y del abandono a la música y la danza, pretendían alcanzar el estado de éxtasis, considerado la auténtica vía para experimentar en sí mismos el amor de Rádhá y Krisna.

Los movimientos seguidores de Krisna realizaban en la práctica de culto el «juego divino» con formas transgresoras y desviadas de la ética ortodoxa. En sus ritos hay exuberancia de sentimientos y entusiasmo extático; sus fiestas son a menudo licenciosas: se trata de un esfuerzo por llegar a vivir una libertad completamente interior, una espontaneidad emotiva en un mundo rígidamente regulado por las normas de pureza. Los fíeles de Krisna no esperan fundirse con la divinidad, sino experimentar un estado de liberación reviviendo en la tierra el espíritu de la lila divina.

Emoción y experiencia religiosa se funden. Los maestros buscan en la experiencia espiritual desencadenada por los sentidos y por los sentimientos y analizan las formas de la pasión amorosa para aplicarlas a la relación mística con dios. En efecto, entre todas las experiencias que ayudan al hombre a expandir el pensamiento fuera de los límites normales, a trascender el propio yo en favor del otro, el sentimiento amoroso se considera el más importante.

Dios se convierte en un ser muy personal que se manifiesta en la imagen fascinante de Krisna, y el deseo de unirse a él ensancha el corazón del fiel y lo hace capaz de un amor puro y universal. La alegría que caracteriza la actitud de los seguidores de Krisna es la expresión de un encuentro con la divinidad, que se produce tras una purificación de los sentidos y del espíritu.

El ideal de la bhakti dio lugar a una abundante literatura erótico-mística, que se apropió de las antiguas convenciones poéticas tamil y aportó nuevas e inesperadas dimensiones a las imágenes sagradas. Basándose en la idea de la naturaleza «femenina» del alma y masculina de la divinidad, la poesía hizo de la pasión erótica la metáfora del sentimiento más profundo de fe, que se convirtió en «locura de amor», «unión mística», «posesión sagrada».

Por influencia de las escuelas de devoción no sólo de Caitanya, sino también del movimiento de los sant en la India septentrional, del ramaísmo místico de Tulsl Das (1532-1623) y de maestros como Jñanadeva (siglo xm), Ekanátha (siglo xvi) y Tukaráma (siglo xvn), el hinduismo se fue renovando y extendiendo a amplias capas de la población, incluso a los que pertenecían a las varna más bajas, y en vez de seguir utilizando el sánscrito, incomprensible para la mayor parte de los fieles, se expresó en las lenguas locales, apropiándose de su bagaje semántico de valores culturales.

Historia de las religiones

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