El hinduismo moderno

A partir del siglo XIX, aparecen en el hinduismo algunos movimientos de renovación ocasionados por el choque con el colonialismo, que sometía la cultura india a una dura confrontación con el pensamiento y la religión de Occidente y a una reflexión profunda sobre los valores y el sentido mismo de su propia tradición.

Las comentes reformadoras dedicaron por primera vez su atención a los problemas sociales y políticos, cosa que favoreció una renovación espiritual tal vez más ideológica que religiosa. No podría haber sido de otro modo: frente a los cambios que la política colonial pretendía imponer sistemáticamente en la cultura y en la sociedad tradicionales, los maestros más innovadores se convirtieron en intérpretes de una nueva conciencia de la identidad cultural india, otorgando a los valores religiosos que ésta había desarrollado una dimensión universalista desconocida en el pasado.

Algunas reflexiones, algunas opciones básicas fueron adoptadas por varios maestros espirituales: por ejemplo, la idea de que el hinduismo era sustancialmente monista, abierto a otras confesiones religiosas y a los descubrimientos de la ciencia occidental; o bien la crítica al sistema de castas e incluso el ideal de la no violencia. Muchas de estas ideas ejercieron una profunda influencia sobre las élites urbanas de la época.

Entre los principales movimientos renovadores cabe destacar sobre todo el Bráhmo Samáj, fundado en 1828 por Raja Ram Roy (1772-1833). Influido en un primer momento por la mística sufí del islam, se centró más tarde en la doctrina cristiana. Rechazaba las castas, los cultos «idólatras» basados en el sacrificio, la idea de la transmigración y del karman, condenaba la poligamia y el uso de la pira para las viudas (satl).

Pretendía conducir el hinduismo a la inspiración teísta que iluminaba los Upanisad medios, que, en su opinión, estaba en armonía con la fe cristiana. Y aunque sus interpretaciones del mensaje evangélico le enajenaron las simpatías de los misioneros, tanto él como sus seguidores, entre los que se cuentan el poeta Tagore, siguieron enseñando el ideal de un movimiento destinado a reagrupar a todos los creyentes en dios, por encima de las divisiones históricas de la fe.

Unas décadas más tarde, en 1875, el Swámi Dayananda Sarasvati (1824-1883) fundaba en Bombay el movimiento Áryasamáj para promover la cultura india según su inspiración original, liberándola de las influencias cristianas y musulmanas. Su intento de hacer revivir los valores del pasado era tan tenaz como contradictorio: negaba autenticidad incluso al hinduismo puránico y proclamaba un retorno a los Veda, aunque les daba una interpretación totalmente moderna inspirada en un monoteísmo abstracto muy alejado de la antigua visión.

Tras la muerte del maestro el movimiento incluso se expandió, y se fundaron escuelas, hospitales y orfelinatos. Sus ideales nacionalistas y democráticos y su compromiso social inspiraron muchos movimientos políticos indios en pro de la independencia.

Si Dayananda Sarasvatí rechazaba las tradiciones místicas visnuistas y sivaítas, otros famosos maestros, en cambio, se inspiraron precisamente en los ideales de la devoción y de la mística para fundar una experiencia religiosa unificadora, abierta a todas las religiones. Así lo hicieron Rámakrisna (1836-1886) y su discípulo Vivekánanda (1863-1902), Sri Aurobindo Ghose (1872-1950) que, tras un período de lucha política por la independencia, se retiró a Pondicherry, donde fundó un centro espiritual de meditación yoga que reunía experiencias místicas de varias tradiciones religiosas. Su sueño era trazar una visión omnicomprensiva de la historia y del saber humano, desvelar el secreto avance universal del espíritu hacia lo divino.

Bhaktivedanta (1896-1977) fundó el movimiento Haré Krishna, cuyo objetivo era revivir con fervor renovado la tradición extática de abandono al amor de dios. La rama americana de esta escuela, la International Association for Krishna Consciousness, fundada en 1966 en Nueva York, fue probablemente una de las primeras sectas religiosas orientales de Occidente: transformada muy pronto en un movimiento introvertido de huida utópica de la sociedad, sus provocaciones alternativas fueron el signo más visible de un malestar cultural mucho más profund.

Estas páginas de reflexión sobre la espiritualidad hinduista se cierran con la figura de Mohandas Gandhi (1896-1948), el Mahatma (la «gran alma»), la voz de la no violencia, de la solidaridad y de la tolerancia religiosa basada en la búsqueda de la verdad, maestro del compromiso ético que pretende traducirse en acción política, el guía espiritual que llevó a la India a la libertad.

Historia de las religiones

 

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