La Pascua en el mundo

La Pascua es una de las festividades de la religión católica más apreciadas y difundidas en el mundo. Todos nos juntamos a comer los famosos huevos de chocolates y las roscas pascuales. ¿Pero qué festejamos? ¿Cuál es el origen de esta festividad y de estos símbolos? La repuesta es un poco más complicada que “la pasión, el sacrificio y la resurrección de Cristo”.
La pascua cristiana tiene su origen en su religión madre, el judaísmo. El Pascha o pascua judía se remonta al año 1513 antes de cristo, cuando el pueblo israelita guiado por Moisés, se libera de la opresión egipcia y parte en busca de la tierra prometida. La festividad se celebra cada año desde entonces, durante los siete días posteriores al 14-15 del mes de Nisan (mes de marzo – abril del calendario gregoriano).
Causalmente es esta fiesta la que celebra Jesús con sus apóstoles en su última cena antes de ser entregado por Judas y ser crucificado. Esa noche instruyó a sus seguidores: “Sigan haciendo esto, en memoria mía” (Lucas 22:19). Así, durante muchos años las pascuas judías y la Cena del señor, compartieron fecha: La noche de luna llena pascual.
A mediados del siglo II, la mayoría de las iglesias había trasladado esta celebración, al domingo posterior a la festividad Judía. El Viernes Santo y el día de la Pascua Florida no empezaron a celebrarse como conmemoraciones separadas en Jerusalén, hasta finales del siglo IV.
Pero la iglesia cristiana siempre se valió de la mezcla de festividades ajenas para la evangelización de pueblos paganos, no cabe más que mirar el origen de las navidades. Muchas de estas festividades fueron cambiando de fecha hasta hacerlas coincidir con las pascuas. Y de estos eventos y religiones nos llegan los famosos huevos de pascua y su conejo.

Origen pagano

La introducción de celebraciones folklóricas en la liturgia cristiana no deja de asombrarnos. Sin duda, de todas las costumbres pascuales, la más popular es la de los huevos de Pascua.
En cuanto al sentido religioso, en la historia, el huevo ha sido un elemento muy importante, dentro de las cosmogonías más primitivas:
• Los fenicios, que casual o causalmente habitaron “la tierra prometida” antes que los judíos, consideraban la primavera una fecha sagrada y se la vinculaba no solo con la fertilidad de la tierra si no de todas las criaturas. Los símbolos de la diosa de la fertilidad, Ishtar o Astarté, eran el huevo y la libre. El primero como símbolo de la vida y el segundo por su famosa fecundidad. Se solían regalar huevos pintados. La popularidad de esta deidad en la antigüedad era enorme, ya que gracias a Ishtar se le daba un marco sacro a la prostitución.
• En la India y en países semitas de la región oriental, el huevo ha representado el germen primitivo, escondido en el agua.
• En la cosmogonía védica se cree que las aguas originarias se elevaron y dieron origen a un huevo de oro, del cual salió el creador del mundo.
• En Egipto, el simbolismo del huevo se asemeja al mito griego de la Caja de Pandora. Se cree que el dios Osiris y su hermano, Tifón, lucharon respectivamente e introdujeron todos los bienes y males del mundo en un huevo. Al romperse el mismo, todos los males se distribuyeron por el planeta.
• También en Persia, como en Grecia y Roma, era muy común pintar huevos y comerlos en las fiestas, en honor a la primavera.
• En Hungría, era común que el lunes de Pascua, los pretendientes acecharan desde el amanecer a las jóvenes de su aldea, para llevarlas junto a las fuentes. Jugueteaban con ellas, las tomaban desprevenidas y les arrojaban en la cabeza un enorme cubo de agua. No conformes con esto, los muchachos reclamaban a sus víctimas una retribución, así que la joven debía entregarle a su pretendiente un huevo y un beso. Ciertamente, esta costumbre estaba mucho mas asociada con los festejos de primavera que con el verdadero significado cristiano de la Pascua.
En inglés las pascuas son llamadas Easter y el origen de este término parece venir de las festividades primaverales que hacían los pueblos germanos a su diosa Eostre, diosa del alba y la primavera. Cuenta la leyenda que esta diosa abrió las puertas del Valhalla para recibir a Balder, el dios brillante, dios de la pureza y la fertilidad. Para la mismas fechas que las pascuas estos pueblos celebraban ceremonias para ahuyentar a los demonios del invierno.
Con el tiempo y por la fuerza popular este símbolo fue adjudicado a las pascuas cristianas. En Francia, por ejemplo, los estudiantes organizaban la “Procesión de los Huevos”. Se reunían en parques y plazas y de allí partían hasta la iglesia principal. Durante el trayecto, golpeaban las puertas de las casas, para que cada familia les regalara huevos, que a posteriori serían bendecidos por un cura párroco. En esa época renacía el espíritu festivo. De las iglesias colgaban cientos de banderas y panderetas. Y cada joven llevaba colgado de su cuello un cesto de mimbre lleno de huevos. Los más adinerados se hacían acompañar por jóvenes pajes, vestidos con telas multicolores de raso o de seda. La mayor parte de la colecta se destinaba para los hospitales de leprosos, o para los indigentes.
Durante la Edad Media, en Semana Santa, era común que los censos feudales se pagaran con huevos. Y se estipulaba que el día de pago fuese el domingo de Pascua.

La Pascua en el mundo

En Jerusalén, la celebración comienza con una serie de procesiones. El Viernes Santo, miles de feligreses cristianos reconstruyen las últimas pisadas de Jesús. Más tarde, los peregrinos visitan el Santo Sepulcro; la tumba donde, según la tradición, se colocó a Cristo. Mujeres vestidas de negro ungen la piedra sepulcral con aceite; lloran sobre ella y la besan.
En la Ciudad del Vaticano, el Papa celebra una misa especial. Para esta ocasión acude todo el cuerpo diplomático; centenares de cardenales, prelados, sacerdotes y monjas, además de miles de peregrinos, que llenan la Plaza de San Pedro.
Sin embargo, la Pascua no siempre es sinónimo de solemnidad, misa y peregrinación. Pues muchas de estas nuevas formas de celebración tienen raíces en costumbres autóctonas y supersticiosas.
Para algunos filipinos, por ejemplo, la Semana Santa -conocida como “Mahal na Araw”- es una época para infligirse castigo. Pese a que esta práctica ha sido condenada por la Iglesia, muchos, queriendo hacer expiación pública de sus pecados, siguen practicando la flagelación.
Algunas mujeres se dirigen a distintos santuarios y limpian las imágenes de Cristo con un pañuelo. Luego, se aplican la prenda sobre el cuerpo, creyendo que de ese modo curarán alguna afección.
En ciertas regiones de Guatemala, los indios quichés oran arrodillados ante mazorcas de maíz (alimento básico de este pueblo). Sucede que la celebración de estos ritos tradicionales, en honor a la fertilidad, coincide con la Semana Santa. Su esperanza es que la Pascua les traiga una cosecha abundante.
En otros países, los agüeros influyen notablemente en esta celebración.
Los finlandeses, en la noche anterior al inicio de Semana Santa están a la caza de los gnomos, “criaturas parecidas a brujas” -según narra la tradición-, que cometen todo tipo de vandalismos contra su ganado y sus propiedades. Se cree que estos supuestos gnomos, son en realidad mujeres ancianas, que llevadas por la envidia encuentran un malicioso placer causando infortunio a los vecinos más prósperos.
Hoy la Semana Santa es para muchos, sinónimo de mini-turismo. Y como si fuera poco, desde el inicio de la Cuaresma, (los 40 días de preparación previos al domingo de Pascua), un tiempo supuestamente llamado al recato y a la penitencia, los obispos advierten la desnaturalización de esta conmemoración, provocada en parte por la continuidad de los festejos de carnaval.

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