La paz

Un hogar pacífico y alegre es la mejor escuela de paz

¿Qué es la paz?

Para entender qué es la paz, lo mejor es recurrir a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por las Naciones Unidas en París el 10 de diciembre de 1948, donde se dice:
• El reconocimiento de la dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana y de sus derechos iguales e inalienables constituye el fundamento de la libertad, la justicia y la paz en el mundo.
• La desatención y el menosprecio de los derechos humanos han conducido a actos de barbarie que sublevan la conciencia de la humanidad.
• La llegada de un mundo donde los seres humanos gozarán de libertad de palabra y de pensamiento y serán liberados del miedo y de la miseria ha sido proclamada como la aspiración más alta de la humanidad.
• Es esencial que los derechos humanos sean protegidos por las leyes para que el hombre no se vea empujado, como último recurso, a la sublevación contra la tiranía y la opresión.
• Es esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones.
• Las Naciones Unidas han afirmado su fe en los derechos humanos fundamentales, en la dignidad y en el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y han decidido promover el progreso social y mejorar las condiciones de vida en una libertad más amplia.
Y aunque la voz pesimista que todos llevamos dentro nos susurre que todo son bellos propósitos y utopías de soñadores, la voz de la esperanza tiene que gritar que debemos acercarnos a la paz como si fuera una meta lejana hacia la que todos corremos; es un proyecto humano tan ambicioso que merece el esfuerzo de todos, a pesar de los obstáculos y los fracasos. La paz es algo inmenso, formado por pequeñísimas partículas que todos debemos ir aportando.

Educar a nuestros hijos en la paz
Los educadores tenemos la posibilidad única de formar en la paz a los pequeños del hogar a través de nuestra actitud pacífica, dialogante, comprensiva y serena, que no está reñida con la rectitud, la energía, ni la exigencia.
El clima del hogar debe ser pacífico, y las inevitables peleas infantiles nos deben llevar siempre a una reflexión oportuna sobre la paz y la no violencia. Debemos demostrar con la práctica diaria que el acuerdo, el diálogo, el acercamiento afectuoso ahorran violencia y aportan paz.
Asimismo, siempre que sea posible, debemos insistir en que ser bueno, ser pacífico y ser portador de paz no significa ser tonto; todo lo contrario: hay que ser muy fuerte para trabajar por la paz; es mucho más fácil trabajar para la discordia.

Paz y violencia
Nuestra actitud será siempre pacífica y pacifista; y si perdemos el autocontrol y tomamos una actitud agresiva, que todo es posible, rápidamente debemos pedir perdón y reconocer que a veces los nervios nos traicionan, pero que éste no es el buen camino para la convivencia. De esta manera, daremos dos lecciones a la vez: de paz y de humildad.
Sin embargo, y con verdadero pesar, no debemos ocultar a los pequeños que la injusticia debe ser rechazada, como último recurso, con la violencia. Como reconoce el proemio de la Declaración de los Derechos Humanos: sólo el respeto a la justicia conseguirá “…que el hombre no se vea empujado, como último recurso, a la sublevación contra la tiranía y la opresión”.
De todas formas, la legítima defensa debe ser siempre legítima y defensa. ¡Esto debe quedar muy claro!

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