Apocalipsis

Apocalipsis significa revelación. Según el orden establecido, es el último de los libros del Nuevo Testamento, y se da por hecho que fue uno de los últimos que se escribió. Se compone en su mayor parte de visiones y revelaciones, con un gran número de símbolos y un lenguaje alegórico o simbólico, en una especie de clave que los lectores cristianos de su tiempo entendían, pero que resultaba oscuro y misterioso para otros lectores de aquel mismo tiempo como también lo resulta para nosotros hoy en algunos de sus pasajes. Pero ¿por qué mensaje “en clave”? Pues porque se escribió en una época en que la Iglesia sufría una ruda persecución bajo el imperio romano. Era necesario fortalecer la fe y la confianza de los creyentes, presentándoles, bajo un ropaje brillante de símbolos y figuras, la revelación de que, a pesar del aparente triunfo de los poderes malignos, la victoria final y decisiva sería de Dios y de Cristo el Señor. Debían, pues, permanecer firmes y fieles en medio del sufrimiento y la persecución.
Se ha comparado la índole y estructura de este libro con un drama sinfónico. Después de los compases introductorios (1.1-8) viene la obertura en la tierra, cuyo tema es la visión del Cristo glorioso, y las cartas a las siete iglesias (1.9—3.22). Sigue luego la obertura en el cielo (caps. 4,5). El primer acto es el de los siete sellos (6.1—8.1), que concluye con un primer intermedio (cap. 7) sobre los sellados de Dios. El segundo acto es el de las siete trompetas y los tres ayes (8.2—14.20), en el que hay un segundo intermedio (10.1 —11.13). El tercer acto es el de las siete copas (15.1 — 16.21). El tercer intermedio sigue esta vez al tercer acto, y contiene visiones del juicio final (17.1—20.15). Luego viene el gran acto final: la nueva Jerusalén (21.1—22.15), y después, el epílogo, cuya nota dominante es: ¡Ven, Señor Jesús!
El Apocalipsis o Revelación ha de verse primero a la luz de la situación y los sucesos de la época en que fue escrito, o sea, en el contexto histórico de fines del siglo primero de nuestra era. Visto así, constituye un mensaje concreto para los cristianos de aquellos días. Sin embargo, su mensaje esencial de esperanza, aliento y seguridad es válido para todas las épocas y ofrece en algunos pasajes una visión simbólica de los últimos tiempos. Las fuerzas del mal podrán prevalecer por períodos más o menos prolongados, pero el triunfo definitivo será de Dios por medio de Jesucristo.

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Judas

Carta de san Judas

Esta carta parece dirigirse a cristianos de la segunda generación y ofrece mucha semejanza con la segunda carta de San Pedro.

Contiene una advertencia contra los falsos maestros (1-16) y una exhortación a mantenerse firmes en la fe (17-23), la cual se designa en el versículo 3 como “la fe que una vez fue entregada a los que pertenecen a Dios”.

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3 Juan

Segunda carta de san Juan

La carta, escrita también por “el anciano”, va dirigida a un pastor o prominente cristiano de una iglesia, llamado Gayo, en un tono personal y afectuoso.

Lo alaba por los servicios que está prestando a los creyentes (1-8), se duele de la conducta de un cierto Diótrefes (9,10), elogia también a otro buen cristiano llamado Demetrio (11,12) y se despide, según era usual, con saludos (13-15).

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2 Juan

Segunda carta de san Juan

San Juan se describe simplemente como “el anciano”, y dirige su breve carta a “la congregación escogida por Dios y a los que pertenecen a ella”.

El mensaje es una exhortación a vivir en la verdad y el amor (1-6), y también una advertencia contra los falsos maestros y sus doctrinas (7-11). A esto se añade una concisa conclusión (12,13).

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1 Juan

Primera carta de san Juan

El tema central de esta carta es el amor, como demostración del verdadero conocimiento de Dios. Porque “Dios es amor”, y sólo el que ama a sus hermanos conoce en verdad a Dios.

Se echa de ver que el autor refuta por lo menos dos falsas doctrinas: la de que siendo el mundo físico malo en si mismo —concepto que vimos refutado ya en la primera carta a Timoteo— Jesús, el Hijo de Dios, no pudo haberse hecho realmente hombre, y la de que la salvación no tenia nada que ver con este mundo y con las relaciones humanas, sino que era cuestión de un secreto conocimiento intelectual de Dios, falsa idea repudiada en aquella misma carta de Pablo.

Recalcando la contraposición entre la luz y las tinieblas, que era un tema común en el judaismo de entonces, se exhorta a los creyentes a “vivir en la luz”, porque “Dios es luz” (cap. 1).

En el cap. 2 comienza a insistirse en el amor entre hermanos, y se anuncia la aparición de grandes opositores de Cristo, que niegan que Jesús es el Cristo y son por tanto mentirosos, tema al que se vuelve en 4.1-6.

La característica de los hijos de Dios es el amor, y el sumario de la vida cristiana es creer en Jesucristo, obedecer los mandamientos de Dios y amarse los unos a los otros (cap. 3; 4.7-21). La carta termina proclamando una fe victoriosa y añadiendo algunos consejos finales (cap. 5).

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oración

carta de san juan cap 2

2 Pedro

Segunda carta de san Pedro

Esta carta, como otras, se dirige a los cristianos esparcidos, pero esta vez en la región norte del Asia Menor (1.1,2), los cuales se hallan sometidos a persecución y sufrimiento por causa de su fe. El autor procura alentarlos y fortalecerlos, para lo cual les recuerda cómo Dios los ha salvado y les ha dado una vida de esperanza (1.3-12): ha sido por medio de la muerte y resurrección de Cristo.

Y es la promesa de su venida la que infunde esperanza. Lo que ellos sufren es prueba de su fe, y en medio de ella deben vivir como quienes han sido consagrados a Cristo y pertenecen a Dios (1.13—2.10).

Inspirados en el ejemplo de Cristo, deben reconocer que es mejor sufrir por hacer el bien que por hacer el mal, y padecer dignamente, como cristianos que son. Concretamente da consejos al respecto a amos y sirvientes, así como a los casados, y a todos les recomienda que más que nada haya entre ellos mucho amor (2.11—4.19).

Termina dirigiéndose especialmente a los ancianos que están al frente de las iglesias, y a los jóvenes, y asegura a todos que después del presente sufrimiento Dios les dará bendiciones y los perfeccionará (cap. 5).

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1 Pedro

Primera carta de san Pedro

Esta carta, como otras, se dirige a los cristianos esparcidos, pero esta vez en la región norte del Asia Menor (1.1,2), los cuales se hallan sometidos a persecución y sufrimiento por causa de su fe. El autor procura alentarlos y fortalecerlos, para lo cual les recuerda cómo Dios los ha salvado y les ha dado una vida de esperanza (1.3-12): ha sido por medio de la muerte y resurrección de Cristo.

Y es la promesa de su venida la que infunde esperanza. Lo que ellos sufren es prueba de su fe, y en medio de ella deben vivir como quienes han sido consagrados a Cristo y pertenecen a Dios (1.13—2.10).

Inspirados en el ejemplo de Cristo, deben reconocer que es mejor sufrir por hacer el bien que por hacer el mal, y padecer dignamente, como cristianos que son. Concretamente da consejos al respecto a amos y sirvientes, así como a los casados, y a todos les recomienda que más que nada haya entre ellos mucho amor (2.11—4.19).

Termina dirigiéndose especialmente a los ancianos que están al frente de las iglesias, y a los jóvenes, y asegura a todos que después del presente sufrimiento Dios les dará bendiciones y los perfeccionará (cap. 5).

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Santiago

Carta a los Santiago

Si Hebreos comienza como sermón y termina como carta, este escrito comienza como carta y termina como sermón. Pero una y otro van dirigidos a los creyentes esparcidos por todo el mundo. El hincapié está en la vida cristiana práctica, la cual, por medio de vivas comparaciones y analogías, se presenta como prueba y fruto de la verdadera fe, que, si no se manifiesta en los hechos de una persona, en su manera de vivir, resulta una fe muerta (2.14-26).

El autor exhorta a procurar la sabiduría que viene de Dios, la cual se necesita cuando la fe está sometida a prueba, y se obtiene sólo pidiéndola con fe (1.1-8).

Trata en seguida sobre la pobreza y la riqueza, las pruebas y tentaciones, y la verdadera religión, que se expresa en hechos virtuosos (1.9-27).

Amonesta enérgicamente contra la discriminación (2.1-13). Uno de sus pasajes más fuertes y a la vez más lleno de comparaciones gráficas, es aquel en que denuncia los peligros y daños de la mala lengua (3.1-12), y en que, como al principio, insiste en la verdadera sabiduría y lo que ésta significa (3.13-18).

Reconviene severamente a los causantes de discordias, a los que tienen amistad con el mundo, a los que se erigen en jueces de sus hermanos y a los ricos explotadores (4.1—5.6). Y termina recomendando la paciencia y la oración, y dando otros consejos (5.7-20).

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Hebreos

Carta a los hebreos

Sólo al final tiene este escrito el carácter de una carta propiamente dicha. En realidad parece más bien una disertación o sermón. Por su contenido parece haberse dirigido, sin embargo, a cristianos casi seguramente de origen judío que, acosados por la impopularidad y la oposición, se veían tentados a abandonar la fe cristiana y volver a sus antiguas creencias y prácticas.

El autor trata de disuadirlos. El tema central, que se expresa a modo de resumen al comienzo (1.1-3), es la superioridad de Jesucristo como revelación definitiva de Dios.

Luego se desarrolla de modo ordenado ese tema: Jesús, como Hijo eterno de Dios, que aprendió la obediencia por medio del sufrimiento que soportó, es superior, no sólo a sus profetas (1.1) sino a los ángeles sus mensajeros (1.4—2.18), a Moisés mismo y a Josué (3.1—4.13), así como al antiguo sacerdocio, puesto que Dios lo ha declarado sacerdote eterno (4.14—7.28).

Por medio de él, Dios establece un pacto nuevo y mejor (8.1—9.28). Por el sacrificio que Jesús hace de sí mismo, superior al de los toros y de los cabritos, y oficiando él mismo a la vez como sumo sacerdote eterno, el que cree en él es salvado del pecado, el temor y la muerte. Así obtiene de él la verdadera salvación, de la cual los rituales y los sacrificios de animales del pacto antiguo son sólo una figura anticipada (10.1-31).

Y puesto que esa salvación se recibe sólo por la fe, el autor procede a declarar, con numerosos ejemplos de la historia judía, la primacía de la fe. En consecuencia, exhorta a los creyentes a permanecer fieles hasta el fin y, con la mirada fija en Jesús, a soportar el sufrimiento y la persecución que puedan sobrevenirles. El cap. 13 cierra el libro con varias exhortaciones, peticiones y saludos finales.

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Filemón

Carta de san Pablo a Filemón

Cuando Pablo se hallaba preso, cierto esclavo fugitivo, llamado Onésimo, se puso de algún modo en contacto con él, se hizo cristiano por su predicación y se puso a su servicio. Era para él una gran ayuda, pero conforme a la ley romana, debía ser devuelto a su dueño.

En este caso, el dueño era un cristiano llamado Filemón, persona muy importante y probablemente miembro de la iglesia de Colosas, a quien Pablo conocía bien.

Habiendo decidido devolver su esclavo a Filemón, Pablo se lo envía, pero le escribe una carta pidiéndole que lo reciba bien, ya no como a un esclavo sino como a un querido hermano en la fe.

Esta carta es un verdadero modelo de tacto, discreción, cortesía y ternura: Pablo no discute los derechos legales de Filemón sobre Onésimo. Simplemente le habla en nombre de una ley más alta, la del amor cristiano.

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