santa Edith Stein

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santa Edith Stein (Teresa Benedicta de la Cruz), Lorenzo Olaverri

Carmelita mártir en las cámaras de gas
La Cruz Roja publicó una escueta nota que decía: «Edith Stein, nacida en la ciudad de Breslau (Alemania), fue asesinada el 9 de agosto de 1942 en Auscnwitz en la cámara de gas».
Era bija de padres judíos. Nació en Breslau en 1891. A los 21 años se confesó atea. Estudió filosofía con Husserl, padre de la fenomenología, y con él se doctoró y luego le acompañó a Friburgo como profesora ayudante de cátedra.
Buscaba la verdad con todo ardor, pero lo que realmente buscaba era a Dios mismo, suprema verdad. Leyendo el Libro de la Vida, de santa Teresa de Jesús, dijo para sí: «¡Esta es la verdad!». Fue su conversión.
Se bautizó a los 30 años con el nombre de Teresa. Continuó como profesora, pero con una admirable vida interior. A los 42 años ingresó como religiosa carmelita en el Carmelo de Colonia con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. El abad benedictino, Rafael Walzer, que la trató, decía de ella: «Rara vez he encontrado a una persona que conjugara tantas y tan elevadas cualidades: femenina, con sencillez delicada y casi maternal. Místicamente agraciada, se mostraba sencilla con los sencillos, sabia con los sabios y, estaba tentado de decirlo, con los pecadores pecadora».
Murió en Auscnwitz en 1942. Ha sido nombrada recientemente copatrona de Europa. Su fiesta se celebra el 9 de agosto.

Mensaje
• El vivir con honradez y sinceridad de vida. Edith Stein hizo de su vida un modelo acabado de honradez como judía, como atea y como conversa. Ella fue siempre auténtica y generosa basta el martirio.
• Buscar la verdad apasionadamente. El buscar la verdad, tan ardientemente como ella la buscó, es el segundo gran mensaje que nos da Edith Stein.
• Ofrecerse como víctima a favor de todos los nombres. En el Carmelo escribió La ciencia de la cruz, su última obra. Entendía su vida en el Carmelo no sólo en su relación vital con este, sino como donación de su vida y ofrenda victimal por la humanidad; y esto lo entendió como misión esencial de su vida: «Confío —decía— en que el Señor acepte mi vida por todos los demás. Siempre me viene a la memoria la reina Ester, tomada de entre su pueblo para interceder ante el Rey. Soy una pobre, una débil Ester, pero el Rey que me na elegido es infinitamente grande y misericordioso». Lo cumplió basta el heroísmo de su martirio.

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