san José

vida de santos

san José y el Niño, Jacinto Gómez, Catedral de Palencia

Vicario del Padre, padre legal de Jesús y esposo de María
Tenemos pocos datos históricos de san José. La primera mención de su nacimiento el 19 de marzo está en un martirologio galicano del año 800. Según Mt 1,6 el padre de san José se llama Jacob, y según Le 3,23, Eli. Herrero o carpintero, según Mt 13,55, tuvo como patria Nazaret.
No obstante, tenemos los suficientes para descubrir su personalidad: José, varón justo (Mt 2,19), esposo de la Virgen (Lc 2,33), estuvo presente en Belén en el nacimiento de Jesús (Lc 2,17), en la huida a Egipto (Lc 2,13), etc. No se dice nada de su muerte. Su fiesta se celebra el 19 de marzo.
Mensaje
• Silencio y servicio. José es el más silencioso de los santos: «Decidió abandonarla (a María) en secreto…». Obraba como sacramento del Padre.
• Modelo y patrono de trabajadores. San José vivió el trabajo como realización personal y como instrumento de sustento personal y familiar.
• Patrono universal de la Iglesia. San José es un maestro de oración, un medio seguro que introduce a la unión con María y Jesús, pues tiene un poder de intercesión universal superior y distinto a todos los demás santos.
• Modelo y patrono de vida interior. Por su silencio, su hondura, trato y cercanía con Jesús y María.
• Patrono y abogado en la hora de la muerte. A nadie, como a san José, le ha cerrado los ojos al morir el mismo Dios. Su muerte estuvo llena de paz y esperanza.
• Obediencia y fidelidad. Hizo todo «lo ordenado en la ley del Señor» (Le 21,24). «El se levantó, tomó al niño y a su madre…» (Mt 2,21).
• Seguridad y sostén de la Sagrada Familia. La obtención del sustento y la tutela de aquella santa familia le fue encomendada al fidelísimo José.
• Tuvo una misión altísima. Encubrir los misterios de Dios en el origen virginal de Cristo. Si Jesús hubiera aparecido como hijo de soltera no le abrían creído.
• Guardián de las personas y cosas sagradas. Como José hemos de ser celosos guardianes de toda realidad religiosa y sagrada en nosotros y en los demás.
• Perpetua pureza y castidad. Sólo una persona tan santa y virginal podía tratar con una esposa virgen y ser guardián de los misterios santos de Dios. Dice san Jerónimo: «Tú dices que María no se conservó virgen, pero yo digo más: incluso el mismo José fue siempre virgen para María…» (PL 23, 203).

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