san Francisco de Asís

vida de santos

La Porciúncula, Bartolomé Esteban Murillo, Museo del Prado (Madrid)

Francisco y las bienaventuranzas
La vida de san Francisco de Asís (1181-1226) plasma de modo ejemplar cómo se pueden vivir las bienaventuranzas. En su juventud, hasta los 24 años, llevó una vida mundana. Quiso cambiar debido a una enfermedad que padeció, pero al recuperar la salud se olvidó de sus buenos propósitos. Cierto día en la iglesia de San Damián sintió una voz interior que le decía: «Francisco, repara mi Iglesia, que amenaza ruina». Y en verdad que así lo haria.
En la fiesta de San Matías oyó el evangelio que habla de que los que sirven a Cristo como evangelizadores «no deben llevar oro ni plata ni alforja», y se decidió a ponerlo en práctica al pie de la letra. Comenzó una vida humilde y pobrísima. Le siguieron muchos discípulos y, entre las mujeres, santa Clara fue su más fervorosa seguidora. No considerándose digno, renunció por humildad a dirigir la orden religiosa que él fundó. Y también por humildad no pasó de ser diácono. Introdujo la devoción del «pesebre» y los nacimientos. En su ardiente caridad a Cristo llegó a besar las llagas de un leproso. Dos años antes de morir recibió los estigmas de la pasión de Cristo.
Unió su amor por la naturaleza (el hermano sol, el hermano lobo, la hermana muerte…) a la contemplación de la inmensa grandeza y majestad del Padre y a la experiencia vivísima en sí mismo del anonadamiento del Verbo encarnado. Su fiesta se celebra el 4 de octubre.
Mensaje
La dama «pobreza» y las bienaventuranzas. San Francisco de Asís es el que ha experimentado que la humildad, la pobreza, el reconocimiento como uno es, nos hace tiernos, misericordiosos y compasivos. San Francisco nos dice que quien vive las bienaventuranzas encuentra relicidad.
Tal vez, por este convencimiento, este hombre de Dios «dejó su casa, abandonó la herencia que le pertenecía y logró llegar a ser pobre y necesitado, asemejándose a Cristo por la humildad y la pobreza, llena de amor jubiloso»
Este santo nos recuerda permanentemente que el secreto de la felicidad está en vivir las bienaventuranzas que Cristo proclamó en la montaña (Mt 5,1-12).
Viviendo las bienaventuranzas nos convertiremos como san Francisco en «ángeles portadores de la paz» y en personas religiosas porque sabemos mirar las cosas de este mundo como criaturas de Dios y hermanas nuestras, que reflejan su amor y su bondad hacia nosotros.
Oración a san Francisco de Asís

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Comentarios

  1. Jesus Maria Cardona Gomez dice:

    La vida de los santos nos ayudan a transformarnos y a seguir a DIOS con mas voluntad.
    Agradeciéndoles.

  2. Jesus M. Cardona Gomez. dice:

    LLevo varios en contacto de correo electrònico sobre dirfran; les agradezco mucho los conocimientos de los santos y otras orientaciones.

  3. ISABEL SANCHEZ PORCAR dice:

    la vida de los santos son el espejo donde tenemos que meditar por el ejemploque dieron peroXTO. ES EL PRINCIPAL.EL CENTRO DE SUS VIDAS Y DE LAS NUESTRAS.

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