san Agustín

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Apoteosis de san Agustín, Claudio Coello, Museo del Prado (Madrid)

Nació en la antigua Tagaste (Argelia) en el año 354 y murió en el 430. Sus padres son el pagano Patricio y santa Mónica, la «madre de las lágrimas».
Antes de su conversión busca la verdad con todo ardor en las teorías filosóficas. Cae en la herejía maniquea, que luego combatirá. Vivió su gran drama de nombre hambriento de la verdad y mendigo del amor. Cayó en las redes del maniqueísmo y el agnosticismo, así como en la sensualidad y el pecado. De sus amores ilícitos tuvo un hijo, Adeodato, del que hace mención en sus obras en unos bellísimos diálogos.
Estando en el jardín de la casa de unos amigos de Milán, escucha la voz de un niño que le dice: Tolle, lege (toma y lee). Y abriendo al azar las cartas de san Pablo, lee en Romanos 13,13-14: «Nada de comilonas y borracheras, nada de lujurias y desenfreno… Revestíos más bien del Señor Jesucristo».
Aconsejado y ayudado por san Ambrosio, el gran obispo de Milán, y por las insistentes oraciones de su madre, se convierte a Dios y es bautizado, junto con su hijo, por san Ambrosio en la noche de pascua del año 387.
Obispo durante 35 años en Hipona, pastor de almas entregado plenamente a sus fieles, comparte su vida con una comunidad monástica que formarían después los monjes de la Regla de san Agustín.
Es un escritor enciclopédico. Su autoridad, sus escritos y muchas de sus frases se han hecho ramosos en toda la Iglesia. Las Confesiones, De la Trinidad (recordemos al niño y la concha de Murillo), De la gracia, Los soliloquios, La ciudad de Dios, con otras obras pastorales y morales, conforman el riquísimo legado de san Agustín a la Iglesia y al mundo.
Su fiesta se celebra el 28 de agosto.
Mensaje
• Vivir la caridad. Es el maestro, entre tantas cosas, de la caridad. Ella constituye la esencia y nos da la medida de la perfección cristiana. Por eso llega a decir: «Ama y haz lo que quieras». Dice en otro lugar: «El amor de Dios es primero en el orden de la primacía; pero el amor al prójimo es el primero en el orden de la acción». ¿Qué otra cosa es la virtud sino la caridad con que se ama cuanto tiene que ser amado? Por tanto las virtudes son como modulaciones de la caridad. Ella es la reina de todas las virtudes.
• Buscar la verdad y la belleza increada apasionadamente. Así lo hizo san Agustín, que nos dijo: «Creo por la belleza», «te buscaba fuera y estabas dentro».

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