El origen de su fortaleza

La Madre Teresa basó su vida en el sacrificio, que más se fortalecía en los momentos de desolación personal. Ella misma cuenta que en los momentos en que su fe flaqueaba y dudaba de la existencia de Dios, era cuando más amor daba a pesar de que le causara gran dolor y esfuerzo. Sólo así los resultados del verdadero “dar” son auténticos, porque salen de la oscuridad y la duda más profunda del ser.
En una carta a las Misioneras de la Caridad escribió:

“Sin sufrimiento nuestro trabajo sería solo trabajo social… toda la desolación de los pobres debe ser redimida y nosotros debemos compartir en ella”.

Esto no quiere decir que hay que sufrir para ser solidarios, sino que la verdadera caridad surge desde las profundidades y las dudas más dolorosas que tenemos; es en esas situaciones cuando dejamos el ego de lado y estamos dispuestos a brindarnos con el amor que trasciende y genera resultados verdaderos de transformación y paz.
La naturaleza del sufrimiento de la Madre Teresa era de anhelo por el amado. Ella sentía profundamente la ausencia de Dios precisamente porque creía en Él y lo deseaba. Lo deseaba porque lo había conocido.
En la última entrevista que le hicieron afirmó:

“El verdadero amor hace sufrir. Cada vida y cada relación familiar tienen que ser vividas honestamente. Esto presupone muchos sacrificios y mucho amor. Pero, al mismo tiempo, estos sufrimientos se ven acompañados siempre por un gran sentido de paz. Cuando en una casa reina la paz, allí se encuentran también la alegría, la unión y el amor”.

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oración en momentos de desolación

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