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Midrás

 

Junto con estas dos obras, Misná y Tosefta, y aparte del Talmud, del que habláramos con detalle a continuación, en la 'literatura rabínica' hay un conjunto de obras reunidas bajo el nombre genérico de Midrás. Responde el nombre al hecho de que estas obras, aparte de otras características, utilizan un método de trabajo hermeneútico denominado deras. Es un método de interpretación que se aplica al texto bíblico, con sujeción siempre a unos principios, mediante la utilización de unas reglas bien establecidas y con unas características formales que lo identifican.
Comenzaremos hablando de esos principios. El acercamiento a las Escrituras con intención hermenéutica se apoya en cuatro principios básicos:

1)  En la Escritura no hay antes ni después, de manera que, al margen de la secuencia cronológica de los hechos y las enseñanzas que la Biblia nos transmite y sin necesidad de negar esa cronología, se acepta por principio que cualquier texto, anterior o posterior, puede venir en auxilio de otro texto que precise de él para una nueva interpretación. En cierto modo este principio reconoce lo que más arriba decíamos en el sentido de que en el transcurso histórico de la composición de los diversos libros de la Biblia la Escritura es la primera intérprete de sí misma. Esta misma idea, no como concesión sino elevada a categoría, da lugar a un segundo principio:

2) La Escritura se explica por sí misma. No es sólo una posibilidad, sino un principio excluyente; el apoyo y justificación de cualquier interpretación de un texto bíblico deberá ser en última instancia otro texto bíblico. Y como correlato de estos dos tenemos un tercer principio:

3) La Escritura es una unidad en la que se encuentra 'todo'. De esta manera el intérprete va sobre seguro, sabe dónde ha de buscar y tiene una garantía de validez para lo que encuentre -siempre que use adecuadamente las reglas que luego veremos. Los principios segundo y tercero, con un cierto carácter restrictivo, se ven dinamizados por el primero y, sobre todo, por un cuarto principio:

4) En la Escritura no hay nada superfino> de forma que principalmente las repeticiones y las contradicciones quedan superadas de forma dinámica por el imperativo de encontrarles una explicación, que además las ilumine. Este efecto dinamizador llevará en algunos casos a excesos como los que Rabí Ismael recriminaba a Rabí Aquiva cuando éste se empeñaba en 'buscar tres pies al gato' y sacar conclusiones de las propias formas de decir y hasta de los trazos y de los adornos con que el escriba había embellecido cada letra del texto. La frase de R. Ismael "la Torá está escrita en la lengua de los hombres" es en cierto sentido también una pauta y un freno para los excesos de celo.

Tras los principios, veamos las reglas. Estas reglas hermenéuticas o de interpretación, llamadas también 'reglas exegéticas' -en hebreo middot (= medidas)- han llegado a nosotros en varias versiones atribuidas a diversos Maestros. En la primera versión atribuida a R. Hillel, aunque esta atribución no tenga ningún carácter histórico, las reglas son siete. Más adelante se convierten en trece en una relación atribuida a R. Ismael y por último las encontraremos convertidas en treinta y dos según la versión de R. Eliézer ben Yosé ha-Guelilí.

 

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