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Midrás

 

-   El asunto queda ilustrado por su contexto (dabar ha-lamed me-'inyanó). Las mismas expresiones o palabras pueden significar lo mismo en lugares distintos, pero también pueden significar cosas diferentes atendiendo al contexto en que están. En TB-Sanh 86a se dice «El precepto "no robarás" de Éxodo 20,15 se refiere al secuestro de personas... porque ¿de qué está hablando el contexto? -de delitos que pueden implicar pena capital. Por lo tanto ha de referirse a un delito que pueda implicar la pena capital... (en cambio) el precepto "no robaréis" de Levítico 19,11 se refiere al robo de propiedades... porque ¿de qué está hablando el contexto? -de cuestiones monetarias. Por lo tanto ha de referirse a cuestiones monetarias.»

La diferencia entre las siete de Hillel y las trece de Ismael es bien pequeña y se debe fundamentalmente a que la versión de Ismael desglosa una de las reglas de Hillel (la quinta) en ocho diferentes (cuarta a undécima), y añade una más, que algunos textos presentan como resumen final de las anteriores: Dos textos se contradicen uno a otro hasta que llega un tercero y decide entre ellos o lo que es lo mismo 'siempre que dos textos se contradigan existirá un tercero que resolverá esa contradicción'.

Puede decirse, pues, que el núcleo fundamental está en las siete reglas atribuidas a Hillel, que, como puede verse, no parece que sean de su invención, ni siquiera patrimonio exclusivo de la intelectualidad judía. La versión de las treinta y dos descenderá a una precisión y detalle mucho mayores y además R. Eliézer añadirá algunos procedimientos muy usuales y vistosos como son guematryá y notaricon. El primer procedimiento, guematryá, consiste en calcular el valor numérico de las letras hebreas que componen una palabra y sacar interpretaciones de cada una de ellas o de su suma. En TB-Yom 20a leemos: «¿Y Satán? Respondió: Satán no tiene permiso para acturar como acusador el Día de la Expiación. -¿Y de dónde se deduce? -Dijo Rama ben Hama: El valor numérico de (las letras de) ha-satán suma 364 y esto significa que tiene permiso para actuar 364 días (al año) pero el Día de la Expiación no lo tiene». El segundo procedimiento, notaricon, es similar, entendiendo una palabra como 'sigla', es decir que cada letra es, a su vez, inicial de otra palabra.

Por último, el Midrás en general y cada una de las obras que se incluyen en el género en particular -midrasim- han de presentar, para serlo, unas características formales que permiten  identificarlas como tales y distinguirlas de otro tipo de composiciones más tardías, generalmente medievales, que aunque muchas veces se han presentado como 'midrás', pertenecen más bien al género de la Biblia reescrita -rewriten Bi-ble- a modo de cuentos o narraciones. Estas características son fundamentalmente tres:

1) Recurso frecuente a las citas bíblicas para mostrar la continuidad y unidad de toda la historia judía y la intervención de Dios en la misma.

2) Introducción de estas citas bíblicas por medio de fórmulas establecidas como se-ne'emar, hada' hu' di-ketib, etc., que para simplificar suelen traducirse por 'está escrito'.

3) Mención continua de los Sabios o Maestros que hacen la interpretación.

Aunque no se ha dicho de forma explícita ha de quedar claro que el midrás es actividad exegética directa cuyo objeto es el texto bíblico y por ello la mayoría de los midrasim que se han conservado están referidos a un libro de la Biblia, cuyo nombre incluyen en el título que la tradición les ha otorgado: Sifré Números, Génesis Rabbá, etc.

Por otra parte, cabe clasificarlos, según terminología tradicional adaptada, en midrasim 'escolares' y midrasim 'sinagogales'. Los primeros son aquellos que comentan de forma seguida y más o menos continua un libro de la Biblia; los segundos, los que ordenan sus textos en torno a las lecturas sinagogales del ciclo litúrgico.

Desde el punto de vista de los 'géneros literarios' se habla de género halájico cuando el midrás trata temas de carácter legal y jurídico -generalmente comentando partes legales de la Biblia- y género aggádico cuando se comentan textos que no tienen ese carácter. Estos tipos de comentario no suelen darse en estado puro y la mayoría de las obras los entremezclan. Un tercer grupo lo constituye el género targúmico que, participando de los anteriores, se caracteriza por traducir el texto al arameo trufándolo de glosas y comentarios.

En cierto modo, un resumen de todo este planteamiento y esta concepción lo encontramos en la frase "la Escritura tiene setenta caras" (miarás Números Rabbá 13,15-16) por lo que, según circunstancias, se pueden extraer de un mismo texto interpretaciones variadas, sin que necesariamente se vean como excluyen-tes. Esta capacidad ha quedado sistematizada, aunque con formulación tardía, en cuatro niveles básicos de interpretación: Pesat, simple o literal, remez, referencial o alegórica, derás, hermenéutica de acuerdo al método comentado más arriba, y sod, misteriosa o profunda.

 

 

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