Oraciones Temas

Datos históricos

linea

Las religiones politeístas de América precolombina son propias de las civilizaciones asentadas en los valles centrales de México, en la península del Yucatán y en el altiplano del Perú entre los siglos V y XVI. Esas civilizaciones presentan una base cultural constituida por poblaciones sedentarias de economía agrícola estructuradas en comunidades organizadas socialmente, que pueden remontarse incluso al II milenio a.C.

No eran universos cerrados, sino que fueron frecuentes los intercambios culturales, gracias a los cuales las pirámides escalonadas o las estatuillas femeninas, que parecen responder al tipo iconológico de la «diosa madre», pasaron de México a Perú.

La analogía que presentan muchos elementos con las religiones desarrolladas en el Mediterráneo centro-oriental entre finales del IV y el II milenio a.C., no puede, sin embargo, justificar la hipótesis de que hubiera existido cierta expansión cultural desde el Mediterráneo hasta el continente americano, pero sí permite calificar de «antiguas» las religiones precolombinas, puesto que responden a las tipologías reconocidas para el mundo antiguo y al mismo tiempo son anteriores a la difusión en el Nuevo Mundo del cristianismo, que fue el responsable de su desaparición.

Asimismo, se han hallado analogías culturales entre el área del Pacífico de América del Sur (Ecuador, Perú) y las civilizaciones de la Polinesia y del Extremo Oriente (Japón). Pero también en este caso es problemático hablar de un hipotético expansionismo; resulta más prudente pensar que ante situaciones análogas se produjeron análogas respuestas culturales.

En el mundo precolombino, la especialización de tareas y de funciones también dio lugar a una división y estratificación de la sociedad, que adoptó una forma jerárquica de tipo piramidal, con una autoridad central en el vértice, junto a la que se desarrolló una jerarquía sacerdotal. Al mismo tiempo se produjo una proyección del sistema social en un panteón divino. Estas religiones se han clasificado entre las politeístas y se consideran divinidades las figuras que las integran, aunque muchas conserven los rasgos del antepasado mítico, como Viracocha o el propio Inti, o del héroe cultural, como Tezcatlipoca y sobre todo Quetzalcóatl.

En cualquier caso, estos seres representan funciones y aparecen unidos por vínculos de parentesco, tienen carácter personal y generalmente son antropomorfos, siguiendo el esquema típico del politeísmo. El modelo politeísta se fue afirmando entre mediados del I milenio d.C. y mediados del II, paralelamente al desarrollo de los grandes estados monárquicos.

En este período de tiempo surgieron las ciudades templo de los mayas, que recuerdan las construcciones mesopotámicas, pero también los ejércitos de los incas y de los aztecas. Esto dio lugar al auge de una clase de guerreros, sobre la que se apoyaban la monarquía y el clero, y a la que estaba subordinada la clase productiva de los agricultores y de los artesanos.

La reconstrucción de las religiones precolombinas está basada en materiales de naturaleza diversa. Las primeras informaciones proceden de los relatos de los misioneros que acompañaron a los conquistadores, que por supuesto no carecían de prejuicios cristianocéntricos; estos relatos se completaron más tarde con manuscritos indígenas ilustrados, inscripciones y hallazgos arqueológicos.

Volver al índice de Historia de las Religiones