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En los límites de Mesopotamia

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Evidentemente, no podemos pensar en el área mesopotámica como en un universo cerrado. La civilización mesopotámica tuvo contactos, sobre todo en tres direcciones, con interlocutores que al parecer actuaron de intermediarios frente a las otras religiones del mundo antiguo.
En el este, en la parte suroccidental de la altiplanicie iraní, estaba asentada la cultura elamita, que dejó huellas en la Mesopotamia calcolítica. El Elam, una gran civilización urbana, creó la segunda escritura de la humanidad (el protoelámico) y se menciona a menudo en los textos mesopotámicos también como responsable de la caída de la tercera dinastía de Ur, a finales del m milenio a.C. Es imposible reconstruir el sistema religioso de esta civilización, de la que conocemos los nombres de 35 divinidades, algunas de las cuales, en el período babilonio, fueron identificadas con divinidades del panteón de Babilonia. No es improbable que precisamente Elam fuera uno de los polos de mediación entre la cultura mesopotámica y la posterior civilización irania.
Siria y Palestina. Conservamos sin duda más documentos de la realidad religiosa del área sirio-palestina, al oeste de Mesopotamia, epicentro de un proceso de difusión, pero también punto de encuentro de influencias culturales procedentes de Anatolia, de la cuenca mesopotámica y hasta de Egipto. La historia de esta región está documentada desde el ni milenio a.C., aproximadamente, hasta la época helenística. Tras una fase en que la región aparece ocupada por culturas seminómadas dedicadas al pastoreo y por culturas sedentarias agrícolas, comienzan a desarrollarse concentraciones urbanas, que desembocarán en la creación de grandes centros como Ebla, Ugarit (Ras Samra), Mari, etc. Ebla es el asentamiento más significativo de un conjunto religioso urbano en la Siria del m milenio a.C. De los archivos de la ciudad se deduce la existencia de un politeísmo vinculado sin duda a la institución de la monarquía, que tiene como dios principal del panteón a Kura, portador del epíteto de «dios del rey». Tal vez se trata de una influencia mesopotámica, que parece confirmada por la presencia de Sipis, divinidad solar local que recuerda a su correspondiente sumerio Utu, y de Astar (en acadio, Istar, y en sumerio, Inanna).
Más interesante con relación al desarrollo histórico y al papel que desempeñó en la historia del Mediterráneo es, no obstante, la antigua Ugarit (Ras Samra), que floreció en torno a la mitad del n milenio a.C. y que estaba situada en la costa siria, frente a la isla de Chipre. La riquísima documentación procedente de los archivos palatinos nos informa acerca de ceremonias rituales, de la presencia de congregaciones tal vez parecidas a los tiasos griegos, y de un panteón orgánico y estructurado, en el que dominan las figuras de El, dios creador, y Ba'al, divinidad guerrera que tras una serie de empresas y de luchas obtiene la realeza en el mundo. Si bien Ba'al parece reproducir en muchos aspectos al babilonio Marduk, El parece sintetizar las características de los súmenos An y En-lil, como encarnación del poder y de la autoridad; pero como dios creador y expresión de la suprema sabiduría también evoca las funciones de En-ki. Gracias a esta síntesis de funciones, El se revela como la creación típica y original de la civilización de Ugarit, y ha contribuido en gran medida a configurar el dios del antiguo Israel, al que, según unas inscripciones hebreas halladas en el Sinaí, se le asociaba como compañera Athirat, precisamente la esposa de El en la mitología ugarítica. No obstante, la presencia de Ba'al a su lado demuestra que el panteón no poseía una figura dominante, a la que estuvieran jerárquicamente sometidas todas las demás. Y, en definitiva, es Ba'al el que ofrece una mitología más rica. Como representación del dios meteórico, comparable en muchos aspectos al sumerio En-lil, pero también al dios hitita de la tempestad o al ugarita Tesup, o bien al griego Zeus y al romano Júpiter, o incluso al germánico Thor, Ba'al lleva a cabo dos hazañas decisivas para el ordenamiento cósmico cuando combate contra Yam y contra Mot. El enfrentamiento con Yam (Mar) representa una lucha por el poder, a través de la cual Ba'al adquiere la condición real y a Yam se le atribuye su función de elemento indispensable para la vida y para la armonía cósmica. El conflicto con Mot, que hay que interpretar como Muerte, tiene aspectos más complejos, porque Ba'al resulta derrotado en el duelo, tragado por Mot, que después es aniquilado por la diosa Anat, que ha descendido a los Infiernos en busca de Ba'al. Éste, sepultado con los debidos honores por Anat, resucita más tarde, y de este modo hace que de nuevo florezca la naturaleza, que durante su estancia en el Más Allá había visto detenerse su propio ciclo productivo. Además de ser un mito fundacional del ritmo de las estaciones, que hay que vincular con el mito hitita de Telepinu y con el griego de Deméter, el enfrentamiento entre Ba'al y Mot fundamenta también la realidad de la muerte, inserta, sin embargo, en un sistema ordenado; en último término, se trata de un mito cosmogónico y cosmológico, gracias al que se establecen las funciones, los espacios y los tiempos del universo en que está ubicado el hombre. En muchos aspectos resulta parecido y tal vez incluso influido por el episodio mítico que en Egipto enfrenta a Osiris y a Set, del que surge, con la renovación del orden cósmico, el fundamento de la sucesión dinástica.

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