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La palabra «politeísmo» es un término culto, atestiguado desde el siglo XVI en Francia, donde se utiliza en sentido teológico por oposición a «monoteísmo». Compuesta de -teísmo, al igual que  monoteísmo, es una palabra moderna derivada del griego polys, «mucho», y theós, «dios». En el ámbito histórico-religioso, el politeísmo designa un «tipo» de religión y, por lo tanto, es un término clasificatorio y descriptivo de formas religiosas que admiten la coexistencia de varías divinidades a las que se rinde culto.

De ahí que, para que una religión sea considerada politeísta, deba poseer la noción de «divinidad», o presuponer una noción análoga y asimilable a ésta. Eso exige por lo menos una idea de trascendencia de los  seres sobrehumanos respecto de la realidad humana, frente a la que se muestran continuamente activos. Es probable que esta idea naciera en el área mesopotámica y que de allí fuera exportada a través de un proceso de difusión.

El modelo por excelencia de la noción histórico-religiosa de politeísmo fue el griego (capítulo V). En este modelo se basó la crítica de Filón de Alejandría, un judío helenizado de la primera mitad del siglo I d.C., que adoptó el término polytheía en sentido clasificatorio, pero opuesto a «monoteísmo», para afirmar apologéticamente la superioridad del monoteísmo judío sobre las otras formas religiosas del mundo antiguo. Frente a la unicidad de Dios, el politeísmo era para Filón una proyección celeste de las formas políticas de tipo democrático, «la peor entre las peores formas de constitución» (De opificio mundi, 171).

Filón se refería a una característica peculiar del politeísmo antiguo, como expresión de las necesidades y de las funciones de una sociedad. Si bien en Filón había una intención polémica, Aristóteles (Política, I, 1252b, 24-28) proporcionó una descripción más «laica»; «En cuanto a los dioses, si todos los hombres afirman estar sometidos a dioses reyes, es porque también ellos ahora o en el pasado fueron gobernados por un rey, y como representan a los dioses a semejanza suya también les atribuyen una vida semejante a la suya».

El politeísmo es expresión y producto de las llamadas civilizaciones evolucionadas o superiores, que conocen la escritura, la especialización, la distribución del trabajo, la articulación, la estratificación y la jerarquía social, etc., a las que proporciona los fundamentos de la identidad y de la unidad a través de la unicidad del panteón y la identidad de los dioses. En su manifestación más típica, las divinidades del politeísmo aparecen organizadas en un sistema unitario («panteón»), orgánico, superior al mundo humano.

Las divinidades son inmortales, aunque no existen ab aeterno, relacionadas por vía genealógica y por vínculos de parentesco. Este panteón generalmente es el producto de una evolución del mundo, que va de una situación de desorden y caos, donde todo aparece indiferenciado, a una condición de orden cósmico, establecido por los dioses que van apareciendo progresivamente, en el que todos los elementos de la realidad asumen una identidad específica de rasgos predominantemente antropomórficos.

Por lo tanto, el politeísmo es un modo de pensar el mundo de forma sistemática por medio de los dioses. Y es casi obligado que éstos posean también una identidad y sean «personales», es decir, dotados de una personalidad que los connota, pero que al mismo tiempo los denota en cuanto categoría de seres sobrehumanos y los hace diferentes entre sí.

A cada dios se le rinde un culto y unos ritos, y es objeto de una mitología. En este sentido, la actividad de un dios queda circunscrita a su correspondiente esfera de competencias, del mismo modo que cada divinidad está limitada y al mismo tiempo se configura como límite por la acción de los otros dioses, respetando un orden jerárquico, para que el desarrollo de las funciones que competen a cada dios responda al orden cósmico.