El origen ancestral de los Ángeles

En todas las religiones de la antigüedad, al lado de las divinidades más o menos numerosas que, junto con los héroes divinizados poblaban el panteón de cada pueblo, aparecen siempre una serie de seres de naturaleza intermedia entre el hombre y el dios, algunos de índole y funciones benéficas y otros, por el contrario, maléficas.

No es posible determinar con certeza cuándo penetró en Israel y cómo se fue desarrollando en él a través de los siglos la fe en la existencia de estos seres intermedios. Generalmente se piensa que fue asimilada del mundo pagano circundante, en donde tanto los cananeos como los asirio-babilonios se imaginaban las diversas divinidades rodeadas de una gran corte de “servidores” o ministros al estilo de los reyes y príncipes de este mundo.

Está claro de todas formas que en este proceso de asimilación se debió realizar una gran obra de desmitificación para purificar el concepto de dichos seres de toda sombra de politeísmo y armonizarlo con la fe irrenunciable en el verdadero Dios, único y trascendente, a quien siempre se mostró fiel la parte elegida de Israel.

Por otra parte, las religiones no dependientes de la judaica-cristiana carecen de una angelología estricta. Dioses secundarios, demonios y genios, suelen ejercer las funciones típicamente angélicas; por ejemplo: Iris y Mermes, en Grecia, los cuervos de Odín en Germania. Las creencias babilónicas y las islámicas serán respectivamente, un precedente y una derivación de la angelología bíblica.

Babilonia conoce los “shedu”, en los estratos más antiguos como divinidad protectora; poco a poco viene a significar potencia maléfica. Contrariamente “lamassu” tiene siempre una significación de genio protector.

En el islamismo la figura de los ángeles no difiere de la judeo-cristiana: son espíritus, ministros de Alá, velan sobre los hombres y fiscalizan sus acciones. El islamismo, conoce un intermedio entre los ángeles y los hombres: los ginn.

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